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Hasta el “cansancio” golpean a nuestra realidad frases como: “El nuevo milenio”, “El nuevo siglo”, o “El siglo XXI”. La “gran falla del milenio”, refiriéndose al conteo cronológico en las computadoras, hace destacar lo clave e importante que es el arribo de este milenio. Existe ya no solo una “expectativa eufórica” sobre lo que nos depara el mismo.
Bueno, el Milenio empezó y aparentemente no hubo “mucho” de lo que el mundo esperaba. Lo que más llamó la atención Del mundo, fueron los recientes atentados terroristas en los Estados Unidos y España, que reavivaron en el corazón de la gente, aquella “expectativa eufórica”. En los Estados Unidos esto trajo una carga muy fuerte de medo, que seguramente, haya sido el peor resultado del terrorismo.
El tema que nos ocupa hoy cae, justamente, dentro de esa “expectativa natural”, es decir, Cuál debería ser el papel, la función de los medios masivos en los próximos mil años? La pregunta, entre otras cosas, nos convoca a echar una ojeada rapidísima al rol de los medios masivos en el milenio que concluye y a proyectar nuestros sensores futurísticos tocante a ello.
Winston Churchill el estadista, afirmaba que “No sirve decir: Hacemos lo mejor que podemos para triunfar, [pues] hay que hacer lo que sea necesario”. A riesgo de ser muy simplista me atrevo a afirmar que sí, en el milenio que se nos va “hemos utilizado lo mejor que podemos los medios masivos” a lo largo y ancho de nuestra América Latina. Remontándonos a partir de la década de los setenta, la Iglesia Cristiana Evangélica, comenzó a tomar conciencia de que su campo de acción abarcaba, con urgencia, los medios masivos. La iglesia se dio cuenta de que su voz era limitada, con poco alcance, encerrada en las cuatro paredes del templo, y además sufría la arremetida de ideas y valores contrarios a través de la radio, la televisión y tantos medios más. Empezaron a percatarse de que esas ideas y valores comenzaban a influir vidas y conductas.
Aunque un “poco lento”, la iglesia, incluyendo la nuestra, dio un “giro de 1000 grados” y comenzó a incursionar en los medios masivos. Lo hizo al adquirir tiempo en emisoras, comprándolas incluso; motivó a los jóvenes a estudiar comunicaciones, entre otras cosas. Al cierre de la década de los ochenta y, en la actualidad, dispone de sistemas satelitales, revistas, imprentas, canales de televisión, sistemas modernos de radio, grupos musicales de altísima calidad. En síntesis, sí hemos utilizado –lo mejor que podemos- los medios masivos en América Latina. Aunque no hemos sabido cómo aprovecharlos al máximo ni explotar todas sus posibilidades con una misión de evangelización integral, bendecimos al Señor por abrirnos los ojos para meternos, involucrarnos y hacer presencia redentora en los medios masivos actuales.
Debemos proyectarnos al futuro, sin embargo, Hoy hay una “especie de mezcolanza con el uso de la expresión “medios masivos”, pues con ella ponemos en una sola olla lo satelital, el Internet, el www, los sistemas digitales de información, etc. Esto es parte de la presencia “agresiva” de los medios masivos, que como una “nube arrolladora” se nos presentan cual supersistema diversificado, aparentemente sin control alguno, con rasgos anárquicos, con las más variadas voces e ideologías que influyen en nuestra sociedad y que se multiplican como “canguil o palomitas de maíz”.
Al entrar en el nuevo siglo, los variados y diversos rostros de los medios masivos nos apasionan, nos esclavizan, nos cautivan en segundos, son instrumentos de educación a distancia, se comercializan con una tarjeta de crédito entre el “fin del mundo y el Polo Norte”, sofisticados sistemas de mercadeo apelan a nuestros bolsillos, la basura de la pornografía, como las nuevas corrientes orientales religiosas se nos presentan como un desafío y una gran oportunidad.
Algunos podrían argumentar que “si es que hemos hecho lo mejor con los medios masivos”, ¿Por qué tenemos que cambiar? Es casi como querer mantenernos, “Cómoda y acríticamente encadenados a las estacas (a las bancas) de la iglesia para que sigamos con lo mismos, masticando el mismo chicle milenario”.
La realidad es que no puede haber ningún cambio constructivo ni en la iglesia ni en la sociedad a no ser que existan “voces disidentes que propongan alternativas viables”, aquellos o aquellas que son capaces de “partir o producir lo que nunca antes ha existido”. Helena de White dijo: “La Invitación del evangelio, debe ser hecha a lo ricos y a los pobres, a los elevados y a los humildes y necesitamos imaginar medios para llevar la verdad a los nuevos lugares y a todas las clases de personas.”
El Evangelismo, 552.
Esto representa acción. Acción conjunta y eficiente.
La conformidad significa la muerte de cualquier comunidad. El evangelio, que nunca cambia, tiene que ponerse a interactuar dinámica y frontalmente con los grandes problemas contemporáneos, entre ellos: el secularismo, la globalización, la perversión, el consumismo, la ausencia de valores bíblicos, la “marketización” del “dios de lo fácil”, el apuro desmedido del placer por el placer, la pobreza en el mundo, la crisis ecológica, y pare de contar.
Hay una necesidad urgentísima, si se quiere, de nuevas organizaciones, estructuras y métodos de evangelización para un mundo en cambio constante. “La prevaleciente monotonía de la rutina de trabajo en nuestras iglesias Un mínimo de actividad debe ser introducida para que nuestros miembros de iglesia puedan trabajar en nuevos campos y planear nuevos métodos”
Testimonios para ministros y Obreros Evangélicos p. 204.
Ahi que tenemos que estar atentos sobre nuestra responsabilidad de redefinir el papel de los medios de comunicación masivos de modo que nos permitan encontrar y desarrollar nuevas maneras de llevar y penetrar en el mundo con las buenas nuevas de la fe, amor, paz y justicia de Dios. Algunos de los metodos usados en esta obra serán diferentes de los que fueron usados en el pasado”. Evangelismo, 105.
Necesitamos, hombres y mujeres, inspirados por Dios, con una imaginación creativa. Es decir, el papel de los medios masivos tiene que pasar por el tamiz de la crítica fría pero no inhumana, una postura que cuestione el status quo, que emplee una imaginación pragmática, que tome iniciativas que nos ayuden a ser más pertinentes con la hora en que vivimos.
¿Cómo podemos hacer que los medios masivos sean o sigan siendo pertinentes en el nuevo siglo? Propongo cuatro puntos, a sabiendas de que hay muchos más:
Primero. Tenemos que seguir los pasos del Maestro Jesucristo, que fuera un “disidente responsable”. Por ello mismo, el sistema jerárquico político y religioso de su tiempo no pudo seguir tolerando su disidencia, porque sus dirigentes se dieron cuenta del caos transformador al que les conduciría en sus propias vidas y en la sociedad. ¿Estamos dispuestos a encarnarnos “hasta las últimas consecuencias”?
Segundo.La búsqueda de lo “trascendente”, y aunque esta palabrita tiene un sabor raro, por los énfasis de las religiones orientales y el uso que le da la Nueva Era, no podemos renunciar a lo que es nuestro y bíblico. ¿Por qué hablar de lo trascendente? Veamos unos pocos ejemplos de la desilusión con el secularismo y su búsqueda de trascendencia:
El colapso del marxismo, no como sistema económico, sino como filosofía que niega la existencia de Dios. El marxismo pretendió plantearse como la “alternativa de la fe”, llevando centenares de vidas a la frustración y a la ausencia de lo trascendental.
Otro aspecto en el que se ve a la gente desilusionada con el secularismo es el materialismo consumista occidental, no tanto por el hecho de “adquirir cosas” (que es el afán de muchos), sino por esa postura científica materialista que piensa que las necesidades y realidades del hombre son mero asunto de materias en un tubo de ensayo, hacer un examen microscópico o aprender mediante la observación científica. El materialismo nos ha hecho ver sin lo trascendente, es decir, sin Dios, el mundo y las personas nos encogemos, estamos incompletos.
La búsqueda de lo trascendente se ve también en el abuso de las drogas (incluya todo tipo de dependencia química), tema en el que no abundaremos.
Finalmente, la búsqueda de la trascendencia se percibe en el “supermercado” de los cultos religiosos esotéricos. Aquí destaca la mal llamada Nueva Era (que es la vieja era de tinieblas), en la que se conjugan creencias diversas, de religión y ciencia, de física y metafísica, de astrología, espiritismo, reencarnación y cuanto “barniz” se le pueda agregar.
La gente busca otra realidad, una que sea trascendente y lo hase también a través del yoga, la meditación trascendental, el sexo, la música, las artes, las sectas, etc. Todo esto lo entendemos y fue el apóstol Pablo quien dirigiéndose a los filósofos atenienses, indicaba que los hombres buscan en el lugar equivocado a su Creador. Este nuevo siglo tiene que llevarnos a no renunciar a hablar de Dios y proclamar la verdad pero, de manera inteligente, creativa y “abierta”, quiere decir: que sea inteligible, agradable y que todos, absolutamente todos, puedan entender lo que estamos queriendo decir. Nuestros medios masivos tienen que seguir comunicando al hombre las palabras de Pablo: *****Col. 4: 3 - 6
Tercero. La búsqueda de significación. Hay mucho en nuestro mundo que pretende desvalorizar lo humano, y hacer ver que la vida no tiene significado. La tecnología es clave si busca liberar a la gente de la rutina doméstica e industrial, pero se torna esclavizante cuando dejamos de ser personas y nos convertimos en objetos. Cuando se pierde “el nombre” y se nos “asigna un número”. Quiere decir, hay millones de personas que no saben quienes son, que casi perdieron la identidad y valor. Es nuestra responsabilidad decir a estas personas, con mucho cariño, quines son (pecadores) y mostrarles la dignidad redentora que existe en Cristo.
Cuarto. La búsqueda de comunidad. El doctor John Stott indica que “la moderna sociedad tecnocrática resulta destructiva para la comunidad. Vivimos en una era de desintegración social. A la gente le resulta difícil relacionarse entre sí. De modo que seguimos buscando aquello que nos elude: el amor en un mundo sin amor”.
El comediante Woody Allen, un hombre que vendía chistes a la prensa cuando todavía estaba en la secundaria, es lo que podríamos denominar “el payaso que vive una tragedia interior”. Aparentemente, y a pesar de toda su fama, dinero y reconocimiento, es una persona que no se encuentra consigo mismo ni con nadie. Confiesa Allen que en todas sus películas “se ocupa de esa mayor de todas las dificultades: las relaciones de amor”. Al final de su autobiografía se leen estas palabras: “Lucha, como nosotros seguramente luchamos, para encontrar fuerzas para fundar una vida en amor. Como dice el personaje en “Ana y sus hermanos”, quizá los poetas tengan razón. Tal vez el amor sea la única solución”.
Creo que a nuestras mentes pueden venir nombres y rostros de destacadas personalidades de América Latina, en los distintos países que teniendo todo y de todo, son parias de la soledad y sus caprichos. Nadie puede negar que el amor es aquello que da sentido a la vida y crea comunidad. Por doquier se busca el sentido genuino de vivir y del amor y, a la par de ello, se pretende reemplazar a la familia nuclear con “relaciones entre un mismo sexo”, se rechaza el matrimonio y a la familia propiamente dicha. Hay “hambre de amor y de pertenecer a”. A cuántos de nosotros, pastores, nos han dado estas respuestas: “Me desilusioné tanto en todas las iglesias a las que concurrí, porque a nadie le interesaba mi persona”, o “Asistí a la iglesia hasta los 18 años de edad y nadie me ofreció su amistad”.
Lo mejor de todo es que lo que la gente busca de amor y comunidad lo encuentra –como nosotros lo encontramos-, en Jesucristo y lo que él ofrece.
En resumen, el papel protagónico (principal) que los medios masivos deben jugar en el nuevo siglo es la búsqueda total del Reino de Dios y el ejercicio de su soberanía en todos los órdenes de la vida, con un espíritu de autocrítica “despiadado” (no inhumano), planteando nuevas alternativas para seguir con la proclamación de “todo el consejo de Dios” en medio de una sociedad pecadora.
Sigamos en el cumplimiento con fidelidad de la tarea que Dios nos ha encomendado; mantengamos nuestros ojos abiertos a la realidad de nuestros días, de manera sabia, como dice el profeta Isaías: “El Señor me dio lengua de sabios para que yo sepa hablar buena palabra al cansado. El me despierta el oído para que oiga como los sabios”. Seamos hombres y mujeres de la Palabra, saturados en la fuerza siempre renovadora del Espíritu Santo y mostremos al mundo que Jesucristo es la pasión de nuestras vidas y acciones. Los medios masivos tendrán más éxitos en la salvación de personas, si nosotros participamos unidos de esta misión.
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